lunátikos
tiene el corazón de viento, en su palabra crecen flores.
lunátikos
Regiones de extrema delicia a las nueve y cuarenta virarán al desagrado a las diez y media, sabores que exaltan el delirio incitarían al vómito si fueran propuestos por encima de un mantel. Esto (ya) no es esto, porque yo (ya) no soy yo (el otro yo). ¿Quién cambia allí, en una cama o en el cosmos: el perfume o el que lo huele?
Bueno porque como ya te dije alguna vez, mi casa sos vos.
Hablen, tienen tres minutos.
De vuelta del paseo donde junté una florecita para tenerte entre mis dedos un   momento, y bebí una botellas de Beaujolais, para bajar al pozo donde bailaba un oso luna, en la penumbra dorada de la lámpara cuelgo mi piel y sé que estaré solo en la ciudad más poblada del mundo.
Excusarás este balance histérico, entre fuga a la rata y queja   de morfina, teniendo en cuenta que hace frío, llueve sobre mi taza de    café, y en cada medialuna la humedad alisa sus patitas de esponja.
Máxime sabiendo que pienso en ti obstinadamente, como una ciega máquina, como la cifra que repite interminable el gongo de la fiebre, el loco que cobija su paloma en la mano, acariciándola    hora a hora hasta mezclar los dedos y las plumas en una sola miga de   ternura.
Creo que sospecharás esto que ocurre, como yo te presiento a la distancia en tu ciudad, volviendo del paseo donde quizá juntaste la misma florecita, un poco por botánica, un poco porque aquí, porque es preciso que no estemos tan solos, que nos demos un pétalo, aunque sea un pastito, una pelusa.
[Hablen, tienen tres minutos. Página 138 Salvo el Crepúsculo]
.para mi sirena acordeonista, que me hechizó con su canto de ojos cerrados.